lunes, 4 de noviembre de 2013

Capítulo 18

*Narra Blas*
Me armé de valor y llame a la madre de David.-Ring, ring-. No tardó nada en cogerlo.
Matilde (madre de David): Hola Blas, ¿qué tal estáis?
Blas: Verás, no sé muy bien como decirte esto…
Matilde: ¿Qué pasa Blas? Te noto triste.
Blas: Es que no sé cómo decírtelo… verás, ¿estás sola? Tengo miedo de tu reacción.
Matilde: No, no estoy sola. Lucía está conmigo. Dime qué es lo que pasa.
Blas: David ha tenido un accidente…
Matilde: Dime que mi hijo está bien, porque está bien ¿verdad?
Blas: Está en coma, los médicos no saben qué va a pasar –hace una pausa- no saben si se salvará. -Un silencio arrollador invade el otro lado de la línea-. ¿Te encuentras bien? –Que pregunta más tonta de mi parte-.
Matilde: ¿cómo voy a estar bien si me acabas de decir que mi hijo está en coma y no se sabe si se va a morir? –Empiezan a oírse sollozos pero parece que no solo es de Matilde, Lucía también está llorando-. Ahora salimos para allá. –Inmediatamente colgó-.

Ahora solo queda esperar y ver si se producen mejorías en el estado de mi hermano…

María: Amor, ¿qué te ha dicho la madre de David? –Me agarró la mano-.
Blas: La ha afectado mucho la noticia. Me ha dicho que viene para acá, junto con la hermana de David.


*Narra Carlos*
Yo ya no podía más con la tensión que había en el ambiente. Blas cada vez estaba más preocupado aunque intentaba disimularlo, tanto por el estado de David, como por la pronta llegada de la familia de David, la desaparición de Dani… que aunque sabíamos que estaba bien no sabíamos exactamente donde estaba. Decidí irme a dar una vuelta, cambiar por un rato de ambiente.


*Narra Blas*
Pasaban las horas y no había noticias. Parecía que el tiempo no pasaba. Vimos entrar a unas mujeres casi corriendo al hospital, eran la madre y la hermana de David. Se nos acercaron rápido y nos preguntaron que si había alguna noticia nueva, yo simplemente negué con la cabeza. Se sentaron y siguieron pasando las horas. Nadie nos decía nada, no había noticias, Carlos se había ido del hospital, sólo estábamos María José que parecía ajena a todo, como si esto no fuese con ella y María… que voy a decir de María, ella no se ha separado de mí ni un segundo, está ahí apoyándome incondicionalmente. Ahora, en momentos como este, me doy cuenta de que mi elección fue la correcta y que no me arrepentiré nunca de haberla elegido como la persona con quien compartir mi vida.


*Narra María José*
Así pasaban los días y nadie decía nada… ya habían pasado cuatro días desde que pasó el accidente, David no presentaba ninguna mejoría, su madre se tuvo que volver a Granada ya que su estado iba a cada segundo que pasaba en decadencia brutal. Dani no daba señales de vida, era como si se le hubiese tragado la tierra. Carlos estaba muy raro, como si ya no fuese el mismo. Y de Álvaro y Samira no sabíamos nada desde hacía dos días. Toda esta situación me superaba, mi estado de culpabilidad era tal que ni siquiera me había parado a pensar que era enfermera y que, como tal, tal vez podría averiguar algo más o simplemente poder entrar a verle ya que en estos días que han pasado no nos lo han permitido.
Me levanté y empecé a pasearme de un lado para otro, con esto hice que Blas se pusiese muy nervioso.

Blas: ¿Qué te pasa? ¿Por qué no paras quieta?
María José: ¿vosotros creéis que si enseño mi acreditación como enfermera me dejarán pasar a ver a David o conseguir averiguar algo más sobre su estado? –Dije dirigiéndome a todos.
Carlos: ¿eres enfermera? –Asentí- me estás diciendo que eres enfermera, que posiblemente podrías haber averiguado algo más sobre el estado de MI hermano –dijo recalcando el MI- y que sin embargo te has quedado ahí sentada –dijo señalando el banco- y llorando…-dijo muy pero muy enfadado-.
María: No creo que con ponerte así con ella arreglemos nada. Esa puede ser la única manera de averiguar algo sobre David. ¿No te das cuenta?
Carlos: Sí, tal vez tengas razón.-Dijo algo más tranquilo-.

No sé cómo se me pudo olvidar que yo era enfermera… supongo que por la tensión del momento, pero nada lo justifica. Fui a averiguar sobre el estado de David, me pidieron mi acreditación y la enseñé. Me dieron una plaquita en la que ponía mi nombre e informaba de que era personal acreditado. Me dejaron pasar a ver a David. Antes de pasar decidí ir a contárselo a los demás.

María José: Gracias a mi acreditación, me dejan pasar a ver a David. He preguntado que si podíais pasar y me han dicho que no, que ni los familiares podían pasar, que el estado de David era muy delicado y que no sabían cómo aguantaba tanto.
Carlos: Que puedas pasar tú, por un lado es un consuelo, así sabremos algo más sobre su estado.
Blas: Si David, aunque está muy delicado, está ahí aferrándose a la vida es porque tiene motivos para vivir, para seguir con nosotros, para no darse por vencido, para luchar –se le escapó una lágrima-.
María: No lo dudes más y entra a verle, sabes que lo estás deseando –me dijo mientras me empujaba para que me alejase y fuese a ver a David-.

Me dirigí a ponerme la ropa adecuada para entrar. Me tuve que poner guantes y mascarilla, ya que me dijeron que la habitación en la que se encontraba David estaba esterilizada y por tanto, usar mascarilla y guantes era obligatorio.

Entré en la habitación en la que estaba David y…

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