miércoles, 4 de septiembre de 2013

Capítulo 16

*Narra Álvaro*

Me siento mal después de saber que  David está en el hospital y yo me voy de vacaciones, no está bien, pero María tiene razón, que todos estemos en el hospital no va a hacer que él se recupere más pronto.
Esta situación me supera. No pude evitarlo y me eché a llorar, mi hermano está en una cama de hospital, en coma, y sin que nadie podamos hacer nada para que se mejore.

Samira: Eh, no llores. David se va a poner bien muy pronto. Ya lo verás. –Me dijo mientras me abrazaba-.
Álvaro: Esperemos que sí. No soporto saber que está en esa situación.
Samira: Se recuperará pronto. Antes de que nos demos cuenta todo esto habrá pasado. Sé que es duro, pero si queremos coger el avión nos tenemos que ir ya sino no llegaremos.
Álvaro: Tienes razón, vamos. –Dije limpiándome las lágrimas-.

Nos disponemos a coger el bus para ir a mi casa a por mi maleta. Justo en el momento que salimos vemos que pasa, levanto el brazo y el conductor para.
Una vez en mi casa cojo mi maleta y bajamos en el ascensor. De repente, el ascensor se para. Doy al botón de emergencia pero no funciona.


*Narra Samira*

Estoy muy nerviosa, me voy de vacaciones con el chico perfecto. Todo es genial, voy pensando en lo que va a ser todo junto a él. De pronto, el ascensor se para y salgo de mis pensamientos.

Veo como Álvaro da al botón de emergencia, pero no funciona. Pasan unos 10 minutos, y todo sigue igual. Me estoy agobiando, hace mucho calor.

Samira: ¡Qué calor hace aquí!
Álvaro: Sí, está empezando a hacer mucho calor...

Nos miramos fijamente, nuestras miradas son penetrantes. En ese momento se quita la camiseta. Ahora mismo siento que me voy a morir. Verle así, es demasiado para mí. Desvío la mirada. Empieza a acercarse a mí, cada vez más. Tiemblo, tenerle cerca me descontrola. Estamos a solo unos centímetros, me besa. Sigue besándome el cuello mientras mete sus manos por debajo de mi camiseta y empieza a acariciar mi espalda. Comienzo a estremecerme, él se da cuenta y suelta una pequeña sonrisa, esa sonrisa que me vuelve loca. En ese momento, empezamos a besarnos apasionadamente. Me quita la camiseta, y me observa. Se queda quieto, como si estuviera paralizado. Algo en mi se activa y me lanzo a besarle. Le desabrocho el pantalón, él hace lo mismo conmigo, en segundos estamos en ropa interior. Me acerca a él, como si fuéramos uno. Comenzamos a besarnos suave pero a la vez salvajemente. Sentía que en cada beso iba a explotar, no podía más estar así. Quería llevar el control pero él no me dejaba. Me estaba entregando en cuerpo y alma, nunca antes había sentido lo que siento por él. Me desabrochó el sujetador, dejando así mis pechos descubiertos. No paraba de mirarlos, empezó a tocarlos, me besó como nunca antes. Me bajó las bragas, después yo le quité los boxers. Sentía que no podíamos más, le necesitaba dentro de mí, ¡ya! Álvaro cogió los pantalones y sacó algo de uno de sus bolsillos, era un preservativo, se lo puso y comenzó a penetrarme lentamente, iba aumentando el ritmo, de repente me sale un gemido a la vez que le agarro del pelo tirando de forma brusca a lo que él me responde con un gemido y aumenta más el ritmo, me penetra con más rapidez. Así estamos un rato, entre gemido y gemido cuando de repente escuchamos una voz del exterior del ascensor que nos saca de ese momento perfecto que no me hubiese gustado que terminase nunca. A los pocos segundos el ascensor comienza a moverse y con eso nosotros nos ponemos la ropa rápidamente para que al abrirse el ascensor estuviese todo normal, como si nada hubiese pasado. Todo esto mientras un silencio incómodo invadía el interior del ascensor.

Me moría de la vergüenza solo de pensar en cómo íbamos a afrontar ese tema, pero eso sería más adelante. Se abrió la puerta del ascensor. Quería maldecir a la persona que había llamado a emergencias por habernos interrumpido pero simplemente le dimos las gracias al señor que había allí, el que había avisado de la avería del ascensor y nos fuimos para coger un taxi.

Taxista: ¿Dónde les llevo?
Álvaro: Al aeropuerto, por favor.
Taxista: Enseguida.

En unos 10 minutos llegamos al aeropuerto.



*Narra Dani*

Me acabo de despertar y estoy tirado en un portal, como si fuera un vagabundo. ¿Cómo he llegado aquí?  La verdad es que no me acuerdo de nada y ya es por la mañana. Lo último que recuerdo es que estaba en el baño… me sentía vivo, libre, sin preocupaciones, me sentía mejor conmigo mismo, no me importaba nada ni nadie. Me desinhibí completamente, sin importarme las consecuencias.

Ahora siento escalofríos, mareos, ansiedad, siento que todo me da vueltas, no tengo ánimo para nada, siento que nada tiene sentido, incluso la vida. ¿Por qué me pasa esto? Ayer todo era diferente. Vuelvo a recordar que por mi culpa, por mi irresponsabilidad, mi hermano está en una cama de hospital, en coma. Siento que mi vida se va apagando junto a la suya, si él no sobrevive, yo… yo me moriría por culpa de llevarlo sobre mi consciencia.

Me siento abatido, hundido, sin ganas de seguir, intento levantarme pero no puedo, mis piernas no me responden, no tengo fuerzas. Siento que todo se acaba, que ya no puedo seguir, pero se me viene a la cabeza la euforia que sentía ayer después de consumir. Sí, ésta es la solución. Volveré al bar.

Cojo mi móvil, veo que tengo llamadas perdidas y sms. Tenía 5 llamadas de Carlos, 4 de Blas, 2 de María… los ignoraré, pero ¿y si hay noticias de David? Les llamaré. Marqué el número de Blas y me daba apagado, y el de Carlos y María igual. Llamé a María José y me lo cogió Carlos.



En el hospital...

*Narra Carlos*

María José se ha ido al baño y su móvil está sonando. Miraré quién la llama. Es Dani.

Carlos: ¿Se puede saber dónde te has metido? –Dije enfadado-.
Dani: Eso no te importa. –Contestó borde-.

Carlos: ¿Para qué la llamas? ¿Qué quieres? ¿No has tenido bastante? –La verdad con esto me pasé pero estaba muy enfadado, nuestro hermano estaba en coma y él desaparecido-.
Dani: Solo quería saber si había noticias de David.
Carlos: No las hay, pero si te importase estarías aquí.-Dije esta vez más cabreado-.

Dani me colgó. Llegó María José y le conté lo que había pasado. Ella me dijo que me había pasado que seguramente Dani también lo estaría pasando mal. En este momento, llegó María de la cafetería.

María: ¿Hay noticias? ¿Dónde está Blas? –Dijo preocupada-.
Carlos: No hay noticias. Blas ha ido a preguntar a ver si le decían algo.
María: -Suspiró-. Menos mal, ya me había preocupado.

En esto, llegó Blas. Se le veía más contento.

Carlos: Blas, se te ve más contento. ¿Qué te ha dicho el médico?
Blas: El médico me ha dicho que le han quitado la respiración artificial. –Dijo con una pequeña sonrisa-.
María: Eso es una muy buena noticia. –Le dijo dándole un abrazo-.
María José: Sí, es una gran noticia.-Nos dimos un abrazo grupal-.